Diego Domingo Arroyo, profesor de música y cantautor, responde a LA GACETA.
Alfredo Urdaci
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Es temprano y tiene un rato antes de la primera clase. Va directo a su música. Me cuenta las salas de España donde ha cantado, las de Barcelona, la de San Cugat del Vallés. Y subraya que a la gentes de Barcelona les gustan sus canciones en castellano. Habla del amor, el tema eterno. ¿Hay algo más? Quizá sí, pero seguro que tiene que ver con los afectos. El hombre es un ser que sueña con el amor, incluso cuando lo tiene. Me interesan las manos del guitarrista, heladas en el frío de Burgos, seguro que más cálidas en Barcelona. |
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| Diego Domingo acaba de sacar al mercado ‘Pase lo que pase’ |
Profesor de música, es usted titular de una asignatura de las llamadas ‘marías’.
Si. Totalmente. En el colegio donde estoy no pasa tanto. Pero es una asignatura devaluada en la enseñanza global. Es un módulo de 45 minutos a cada clase. Los chavales tienen una asignatura maltratada.
Esto no pasa en otros países.
Tengo un compañero que es polaco. Dice que mientras nosotros nos dedicamos al fútbol ellos organizan orquestas y escuchan música. Es una diferencia radical. La música parece una asignatura incluida por obligación, no porque se crea de verdad en su capacidad de formación.
Y la tiene….
Sin duda, y en otros tiempos fue una disciplina muy valorada. La música es un instrumento de expresión fundamental en la educación.
¿Por qué todos los cantautores le dan vueltas al amor?
El amor es el asunto central de nuestras vidas. El amor es lo que todo el mundo necesita: All you need is love, cantaban los Beatles. Esa es la revolución. Frente al resto de los animales, el ser humano sueña con un ideal. El amor es un ideal. Somos capaces de amar, y el amor transforma el mundo.
Y las canciones, sus canciones, ¿sirven para enamorar?
Sí. Despiertas sensibilidades.